Cuento: Un solo par de zapatillas

La primera entrada de mi blog, allí por abril del 2010, fue precisamente para hablar de la importancia de los cuentos en nuestro aprendizaje y en nuestro crecimiento personal. Un cuento con metáfora es una manera de enmascarar una enseñanza, es el envoltorio de algo mejor que viene dentro.... Este relato, que puedes leer en mi libro A ti te cuento – Cuentos para Adultos con Inteligencia Emocional es una invitación a reflexionar, a adentrarte en tu mente y a escuchar el click que hace tras leerlo. 

Un solo par de zapatillas
Cuando Ale cumplió 21 años, sus padres le organizaron una estupenda fiesta. Invitaron a sus parientes, amigos, primos, vecinos del barrio, mucha gente querida por él y su familia. Una vez terminada la reunión, cuando ya no quedaba ni uno de los invitados, Ale se recostó en su cama para descansar un poco. Y allí tendido, descalzo, recordaba el día tan estupendo que había pasado. Todo estaba en silencio, después de varias horas de bullicio, risas y música. Pero entre esa feliz calma, escuchó un ruido en el patio de su casa, que le llamó la atención. Miró por la ventana y vio a un anciano de largas barbas blancas. No le conocía de nada, y le
sorprendió que un extraño estuviese allí. Sus padres habían salido a acompañar a la estación de tren a sus tíos, que
habían venido de lejos, por lo que en la casa sólo estaba él.
Se levantó y salió a su encuentro convencido que sería alguien que estaba equivocado de dirección. Al llegar al patio, vio que el anciano se estaba quitando sus zapatillas.
_¿Cuánto calzas?_ Le preguntó sin mirarle a la cara.
_45._ respondió el joven sin saber como reaccionar.
_Bueno, ya no crecerás más._ dijo el anciano y continuó sacándose la otra zapatilla. Tenían un aspecto antiguo, de otra época, casi parecían de museo… Y aun así estaban en muy buen estado.
_¿Sabes…?_ Siguió diciendo el anciano, sin presentarse aun _ estas deportivas me han acompañado durante los
últimos 75 años. Desde que cumplí la edad que tú acabas de cumplir.
¿Cómo sabía su edad? Podía haber visto que estaban festejando un cumpleaños, pero lo de la edad… ¿Cómo podría saberlo? Se preguntó Ale para sí, porque estaba tan atónito que no podía hablar.
_Hoy te han regalado unas, ¿verdad?, con las que podrás hacer todo lo que yo he hecho… _continuó diciendo el viejo sin esperar a que el muchacho respondiera, al tiempo que sacaba un álbum de fotos de un petate que tenía junto a él.
Ale seguía escuchando entre fascinado y sorprendido, mientras contemplaba miles de fotos. ¡¡El anciano parecía haber recorrido el mundo entero!! En todas las fotos salía él, de joven, de adulto, y siempre con las mismas zapatillas, como si jamás hubiese tenido calzadas otras que no fueran esas.
Había fotos de las siete maravillas del mundo antiguo (de lo que quedaba en pie de ellas o de donde habían estado), de las siete maravillas del mundo moderno, de su graduación, de muchos, muchos cumpleaños. Viajes, muchos lugares desconocidos por Ale. Una boda, algunos nacimientos, ciudades modernas, construcciones antiguas, fotos leyendo, haciendo deporte, jugando con niños, de la mano con una mujer, en el cementerio, en muchos parques, en la playa. ¡Si! ¡Hasta en la playa estaba con las mismas zapatillas!
Ale hacia rato que no prestaba atención al anciano, estaba ocupado escuchando sus propias preguntas… Cuando se escucho decir en voz alta: ¿es que usted nunca ha tenido otro calzado que este?
El anciano, lo miro con dulzura, volvió a mirar sus viejas y bien cuidadas zapatillas y le dijo:
_No Ale, nunca he tenido otras. Ni tú tampoco las tendrás. En la vida, solo usarás un par de zapatillas, las que ya llevas puestas. ¿Has visto? Puedes ver maravillas con ellas, podrán acompañarte donde tú quieras ir. De ti dependen todas las experiencias y aventuras que quieras correr, estas mismas zapatillas, te llevarán tan lejos como desees, con la única condición de que las cuides, las respetes, no las llenes de basura, de grasas, de venenos._ El anciano continuó hablando y se agachó delante de Ale para ponerle el par de
zapatillas que le habían regalado por su cumple esa tarde.
_El mundo entero está a tus pies, y podrás hacer aquello que te atrevas a hacer, pero recuerda, no hay recambio para nuestro cuerpo.
Al escuchar estas últimas palabras Ale se despertó en la cama, vio que la ventana de su cuarto estaba abierta y al mirar por ella, no había ni rastro del anciano, ni del álbum de fotos, ni de las viejas y experimentadas zapatillas, pero para su sorpresa, él sí llevaba puestas las suyas.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Como decía Goethe, no basta con saber, tenemos que aplicar. No es nada nuevo que nuestro cuerpo, este "envase" en el que vivimos, solo será uno para 70, 80, 90 o más años que, con suerte, viviremos. No por ello, no por ser algo que todos sabemos, cambia la realidad. No cuidamos de nuestra salud y de nuestro cuerpo como sería de esperar. 
¿Alguna vez habías pensado en tu cuerpo comparándolo con algo así como un par de zapatos? ¿Te paras a pensar en el resultado que da en tu cuerpo lo que comes, tu estado emocional, el aire que respiras? ¿Has pensado en lo importante que son tus decisiones, tus acciones, tus indecisiones y tus inacciones en determinar cómo será tu cuerpo, tu vida futura? 
Creemos que el futuro es algo tan lejano que olvidamos lo rápido que pasa el tiempo. Si con este pequeño relato logro que decidas recuperar el cuidado de tu cuerpo, hacer las paces con él, cuidar tu alimentación, hacer ejercicio, mejorar tu relación contigo mismo, contigo misma... me sentiré feliz!!! 
Puedes leer más relatos en mi libro A ti te cuento – Cuentos para Adultos con Inteligencia Emocional. Pinchando sobre el título o sobre la foto puedes pedirlo en Amazon.
Viki Morandeira
Coach Ontológico Personal