¿Qué es la Asertividad? (I)





La asertividad es quizás una tarea pendiente. Algo que a muchos nos falta aprender y más aún, saber enseñar a nuestros hijos.

Primero, vamos a perdonarnos por no saberlo, más que nada porque ni siquiera existe esta palabra en el Diccionario de la RAE!!!


Podemos definir "asertividad" como el tipo de conducta que tiene una persona que defiende sus propios intereses, expresa sus opiniones libremente y no permite que los demás se aprovechen de ella y además se muestra considerada con la forma de pensar y de sentir de los demás.

En esta primera entrada, hablaremos sobre qué es y porque? En las próximas, sobre las técnicas asertivas, y los derechos asertivos.


Pero, ¿por qué algunos somos poco asertivos?

Podemos mirar atrás y echarle la culpa a la educación tradicional, que desde siempre exigió
sometimiento, y no nos ayudó a desarrollar las habilidades sociales necesarias para respetarnos a nosotros mismos, ni a los demás.

Algunas personas, no creen tener derecho a manifestar sus creencias u opiniones. Y otras personas, no aceptan que su opinión no es la verdad absoluta. Cuando quien tiene dentro de sus creencias que no debe anteponer sus necesidades a las de los demás, se encuentra con una persona que cree que sus necesidades siempre irán primero, surge el sufrimiento y el abuso por "negligencia asertiva"

El entrenamiento asertivo no busca transformar a personas sumisas en violentas o intolerantes, más bien busca enseñar que todos tenemos derecho a defender nuestros derechos, en situaciones injustas.

Desde pequeño se nos ha ido bombardeando con "sentencias" del estilo de:

Los niños no lloran.
Es malo estar triste, mejor cambia esa cara.
Tienes que compartir con tu hermana.

La sumisión y la violencia se cultivan cuando somos educados en el sometimiento, incluso nos hacen sentir culpables por tener sentimientos de enojo o tristeza. Se nos enseñó que hay
sentimientos buenos y malos y obviamente rechazamos, tapamos, disimulamos los sentimientos como el enojo y la tristeza. Es esta la base para negarnos a nosotros mismos nuestro desarrollo asertivo. Si no quiero compartir, pero me obligan, dejamos de respetar nuestro "sentir" para respetar la decisión de otro, dejamos de respetarnos a nosotros mismos al empezar a dudar de nuestros propios sentimientos. Tampoco vale de nada culpar a quienes nos educaron. Lo hicieron lo mejor que pudieron. Únicamente cabe ser conscientes, que una vez reconocido que este comportamiento nos acarrea mayor sufrimiento, podemos empezar a aprender a ser ASERTIVOS.

La asertividad puede aprenderse y de hecho se aprende con práctica y entrenamiento. Cambiar nuestra conducta asertiva es posible. 

El primer paso consiste en detectar en que situación no tenemos una conducta asertiva, en que ocasiones no nos respetamos a nosotros mismos y/o a los demás. Para ello, mediante un análisis de nuestras creencias y pensamientos irracionales podemos sopesar si éstos corresponden a situaciones reales, en las que hemos permitido que otros abusen de nosotros por medio de la manipulación emocional, chantaje o mediante la intimidación o violencia.

Poquísimas personas piensan irracionalmente todo el tiempo, es más, a quien lo hace se le considera enfermo, pero ¿sabes una cosa? La mayoría pensamos irracionalmente en alguna ocasión, y sobre algunos aspectos en concreto. Lo hacemos tan automáticamente, tan sutilmente y nos arrastramos a sentimientos, emociones y conductas inapropiadas que distorsionan la realidad, nos provocan conflictos internos y con otras personas, además de coraje, ansiedad y depresión, e impiden la solución de problemas y el logro de nuestras metas.


Por ejemplo:

Las creencias limitantes que podemos tener pueden ser:

Si digo que no van a pensar que soy una egoísta
Si me niego a ayudar me tacharán de poco solidario.
Las personas buenas anteponen los intereses y necesidades de los demás a las suyas.
Quien reclama cuando no obtiene lo que pide es un quejica y los quejicas están mal vistos.

En nuestra infancia hemos ido acumulando decenas de estos pensamientos irracionales, y anti-asertivos que producen en nosotros una sensación de desamparo, de invalidez ante las injusticias. Aceptamos "prestar", decimos "sí", aunque luego esto nos acarre sentimientos de
indignidad, o nos provoque frustración por no saber defender nuestras necesidades y derechos.

Antes que vuelvas a pasar por una situación así, podrías plantearte la siguiente pregunta:

¿Sí esto me volviera a ocurrir, qué haría diferente para tener resultados que me permitieran estar tranquilo y satisfecho conmigo mismo, con una sensación de dignidad y valor?

El respeto, igual que el poder no se piden, se ejercen.



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